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Matagalls-Montserrat: la crónica
En la edición de este año 2005 de la marcha Matagalls-Montserrat de 83.5 Km. que tuvo lugar el pasado 17 y 18 de septiembre nos apuntamos un grupo de diez personas en representación de la ADC y patrocinados por el laboratorio Viatris, de los que seis éramos diabéticos y donde sólo tres repetían participación.
Minutos antes de nuestra salida programada a las 17:57 h nos encontrábamos algo preocupados porque la fuerte lluvia que caía en ese momento iba a añadir mucha dureza a esta inusual prueba ya dura de por sí. A la hora programada tomamos la salida con toda la ilusión y ánimo que habíamos conseguido resguardar de la lluvia. Partimos de Collformic, en pleno Montseny, a 1.145 m de altura y emprendemos la bajada hasta la población de Aiguafreda. Los primeros kilómetros son de contacto de buen camino y ligera bajada que nos sirven para coger ritmo, y para que los novatos empiecen a dosificar sus fuerzas. Después de una hora de camino cesa la lluvia y disfrutamos de la visión del arco iris que queda a nuestras espaldas, mientras nos retiramos los chubasqueros y compruebo que toda mi ropa está mojada. A partir de este punto, empezamos una bajada pronunciada por un camino estrecho que está extremadamente resbaladizo y que nos da algún que otro susto. Tras casi 4 horas de camino llegamos a Aiguafreda donde nos espera Félix, nuestro coche escoba y ángel de la guarda durante toda la carrera. Para que le podamos identificar entre otros coches de apoyo que siguen la carrera extiende por encima del coche tres camisetas azules y blancas de nuestro patrocinador. Paramos un momento para cambiarnos los calcetines y valorar el estado de nuestros pies. Vicky y Jessica tienen algún problemilla que se soluciona rápidamente con un trozo de esparadrapo. Enric y yo decidimos seguir para no perder el ritmo, y quedamos con el resto en vernos en el primer avituallamiento. A este punto llegamos ya de madrugada, y tras hacernos un hueco en el mostrador, nos hacemos con un bocadillo de pan de molde y un par de galletas. A estas alturas ya hemos conseguido adaptar nuestro azúcar a las necesidades de la carrera. Jordi ha tenido unas cuantas bajadas de azúcar durante las primeras horas que le han obligado a comer más de lo que le apetecía, pero finalmente consigue remontarse. Sin embargo, yo he estado algo alto al inicio, quizás los nervios o simplemente por haberme bajado más de la cuenta la última dosis de insulina. Para bajar mis niveles tuve que ponerme varias dosis adicionales y controlar que la bajada no fuera muy brusca. Por suerte, a partir de este punto conseguimos tener un buen control del azúcar para centrarnos totalmente en la carrera.
Desde este avituallamiento hasta Sant Llorenç Savall (Km. 45) se realizan subidas y bajadas alternadas por caminos estrechos, resbaladizos y oscuros porque a partir de las 20:30h ya debemos iluminar nuestro camino con linternas. En este punto nuestro grupo se encuentra reducido a 4 participantes. Manel anda algo adelantado, yo camino solo a una cierta distancia y más atrás están Vicky y Jéssica, las únicas dos chicas de la aventura que caminan a un buen ritmo. Ya son las 5 de la mañana y empiezan las horas críticas. Es oscuro, llevo muchos kilómetros y camino solo. Mientras empiezo la subida del Coll de la Grua me planteo la necesidad de llegar hasta el final, pero tras empezar la bajada y dejar atrás el control número 5 me dirijo a la parada del desayuno. En el grupo en el que me he integrado no paran de hablar de los Donuts que nos esperan en la próxima parada, como si este pensamiento ayudara a sobrellevar la bajada que está resultando matadora para mis rodillas, que ingenuos!- pienso yo. Son las 10 h y llego al desayuno. En este punto me reencuentro con Manel, y los dos con cara cansada intentamos creernos los ánimos que nos da Félix. Creo que ni el líquido isotónico que nos prepara conseguirá que mis piernas vuelvan a caminar.
Tras desayunar algo me encamino hacia Montserrat que todavía se encuentra muy lejos, pero por lo menos el sol ya brilla y ayuda a secar mi ropa que todavía sigue mojada y me da algún que otro problema. En el siguiente punto que me encuentro a los colegas es Vacarisses, a sólo 12 Km. de la meta. Jordi me ayuda a relajar las piernas que ya caminan solas sin que yo les de ninguna orden, como si tuvieran más ganas que yo de llegar a Montserrat.
Los últimos kilómetros antes de llegar a Monistrol y empezar la última ascensión me resultan los más feos, porque son sobre asfalto y discurren entre casas. A las 13h llego a la falda de Montserrat y empiezo a subir los últimos 400 m de desnivel. La verdad es que el día es muy bonito y la vista que tengo a medida que voy subiendo vale la pena, pero las curvas de la subida parecen no acabarse nunca. Paso por el último control y ya sólo estoy a media hora de la cima. A las 14:15h, tras 20:15 de caminar sin parar llego a la explanada de Montserrat, delante de la ermita donde está instalada la meta. Allí me espera mi madre y la presidenta de la ADC que siempre nos ha apoyado en esta iniciativa pero que todavía no se ha atrevido a participar, a ver si la convenzo con este relato. Me felicitan y no me puedo creer que haya acabado por segunda vez esta prueba. Con unos minutos de diferencia llega Manel, que promete repetir el año que viene, qué ánimo! y por último Vicky que ha hecho la última subida con Félix, su marido, que decide comprobar si tan duro resulta caminar.
Esta edición de la M-m ha resultado especialmente dura, pero creo que hemos demostrado que el hecho de ser diabético no impide afrontar aventuras que requieren un gran esfuerzo físico. Por este motivo invitamos a cualquiera que quiera a apuntarse con nosotros el año que viene.
Hasta pronto!!!
Javier Torrents
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