Crónica de la subida a la montaña del Canigó (2.789 m)

El sábado 28 nos reunimos todos en el refugio de Marialles hacia las dos del mediodía después de llegar la gran mayoría desde la estación de Girona donde habíamos quedado para agruparnos antes de comenzar a subir hacia Francia.

Después la comida en un prado con preciosas vistas y hacer un poco de siesta (habitual en nuestras salidas) comenzamos a subir cerca de las cinco de la tarde hacia arriba. Aquella hora el sol no apretaba mucho y subíamos entre bosques donde la temperatura era muy agradable. A las 19:00 llegamos a la Cabana de Aragó (un pequeño refugio de menos de diez metros cuadrados) y luego de una pequeña reunión para decidir si nos quedábamos a dormir allí o seguíamos un poco más, decidimos seguir la segunda opción. Había alguna nube un poco fea que podía dar a pensar en mal tiempo pero después de meditar un poco pensamos que si llegaba a llover ya volveríamos a bajar hasta este refugio y que si seguíamos, todo lo subido hoy no lo deberíamos subir la mañana siguiente.

Seguimos una horita más por un valle que nos acercó hasta el pié del Canigó donde divisamos un grupo de isards (rebecos) que paseaban cerca de nosotros. A partir de ahí comenzaba una subida bastante pronunciada y llena de piedras hacia la cumbre, así pues decidimos pernoctar en aquel lugar donde aún haba un poco de vegetación. La cena en aquel paraje mientras se hacía de noche fue muy relajante, hasta llegamos a cocinar una “cep” (seta) que encontramos por el camino, a parte, la temperatura era bastante fresca y daba gusto tenerse que abrigar después de los calores de aquellos días. Después de tomar el café bajo un cielo de millones de estrellas fuimos a dormir contemplando diversas estrellas fugaces.

Temprano, hacia las 4 de la madrugada , nos despertamos y agrupamos todo el peso que no queríamos subir al Canigó y lo envolvimos con un gran pañuelo para dejarlo allí donde habíamos dormido y no tener que cargarlo hasta la cumbre. Subiendo, en la oscuridad de la noche divisamos de nuevo el grupo de isards que corrían cerca de nosotros. El día iba clareando y llegamos a la cumbre con el tiempo justo de contemplar la espectacular salida del sol sobre el mar. La bajada nos la tomamos en calma y fuimos bajando cada uno a su ritmo. Recogimos todo el material que dejamos en el "campamento base" y seguimos bajando hasta llegar al refugio de Marialles. Allí nos dirigimos a Pi para hacer la esperada “costellada”.

Esto es todo.


Abel Capdevila
Sweet Osona, Joves amb Diabetes




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